Mireum
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Publicado el 26 de agosto de 2026

Sincronicidad

Jung, 1952

Dos cosas ocurren al mismo tiempo y la coincidencia te queda mirando.

Jung le puso nombre a eso en 1952: sincronicidad, un "principio de conexión acausal". No estaba describiendo magia. Estaba describiendo una experiencia frecuente y difícil de encajar: dos hechos sin causa común entre ellos que, sin embargo, el observador no logra tratar como ruido.

La distinción que le importaba no era estadística. Pensar en alguien y que llame no cuenta por lo improbable, sino porque la conexión tiene significado para quien la nota. Sin ese componente hay coincidencia, que es otra cosa y también existe.

Ahí está lo incómodo del concepto, y conviene no suavizarlo: el significado lo pone el observador. No hay forma de medir una sincronicidad desde afuera. Lo único verificable es que alguien marcó dos hechos como conectados, y cuándo.

Eso sí se puede registrar.

Mireum no decide si una sincronicidad es real. Toma nota de que la notaste, con su fecha y tus palabras, y la deja donde puedas volver a mirarla. Con medio año de registros aparece algo que la memoria sola no sostiene: qué tipo de coincidencias te detienen, cuáles vuelven, qué símbolos las acompañan.

Puede que el patrón hable de tu vida. Puede que hable de tu atención. Las dos respuestas son interesantes, y ninguna te obliga a decidir primero si Jung tenía razón.

Anota la coincidencia cuando ocurre, no cuando la entiendas. La interpretación envejece. El registro con fecha, no.